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“Todas las mujeres tienen un grado de bisexualidad, aunque sea mínimo”

Hablamos con Celia, una chica bisexual, en el día LGBTI dedicado a este colectivo

lesbiana

Cuando era pequeña, Celia se encandilaba con las niñas mayores que iban a su colegio. A esas edades, dice, les pasa a muchas niñas. También llegó a enamorarse de dos profesoras, aunque cree que ese tipo de amor platónico también es algo común.

“Lo que no sé es si a los chicos les pasa lo mismo con los profesores, sería interesante averiguar”. Celia habla solamente desde su propia experiencia, asegura que siempre intuyó su bisexualidad aunque no llegó a experimentarla hasta los 25. Por ejemplo, siempre le gustaron las actrices tanto como los actores: “Me quedaba igual de pillada con Audrey Tatou y con Julian Moore que con los actores más guapos”.

El momento clave fue la universidad. “Allí me fijé de verdad en una chica, pero fue un flechazo, con una amiga”. Ahora Celia tiene 27 años y hace relativamente poco que se enamoró de una mujer por primera vez. “Me atrajo a nivel sexual. Nunca me había pasado”.

Mucha gente cree que ser bisexual es sinónimo de estar confundido, no haber decicido aún en qué orilla ir a pescar. Aunque a Celia le ha llevado su tiempo conocerse, tiene muy claro que la bisexualidad es una preferencia clara y finita.

“Yo lo tengo clarísimo, no podría renunciar a estar con un hombre y quiero poder estar con una mujer. Más adelante te preguntas los porcentajes. A nivel sexual, las dos cosas me gustan”.

Celia ha tenido relaciones con hombres heterosexuales y mujeres lesbianas, dos extremos férreos ante los que ha sentido cierta incomprensión:

“Las bisexuales tenemos un punto de no ser claras. Las lesbianas que conozco me dicen que temen a las heteros que de repente quieren tener relaciones ellas. No confían. Quizá después de un tiempo como bisexual confirmada, teniendo relaciones con los dos sexos, confían más”.

‬Mucha gente cree que ser bisexual es sinónimo de estar confundido, no haber decicido aún en qué orilla ir a pescar.‪

Por parte de los hombres, asegura que la incompresión es absoluta. “No se lo he dicho a todos los hombres con los que he estado, pero creo que a muchos de ellos les gusta la idea cuando están conmigo. Les hace gracia imaginarse a dos chicas juntas. En otros casos les da respeto, no preguntan por qué es territorio desconocido”.

Entramos en el terreno del sexo, la seducción. Celia ha aprendido bastantes cosas a lo largo de los últimos años. La primera es que seducir a las mujeres es mucho más divertido.

“Las mujeres bisexuales damos por hecho que el hombre está dispuesto a que le seduzcan, pero una chica no. Hay un punto añadido de morbo, es muy interesante”.

A Celia no le da miedo confirmar uno de los grades tópicos sobre la bisexualidad, siempre aclarando que se basa en su propia experiencia: “Sí creo que todas las mujeres tienen un grado de bisexualidad, desde muy poco a mucho. Hablo de nosotras porque es a quienes conozco, de los hombres no lo sé”.

Asegura que la primera vez que una mujer heterosexual tiene relaciones con otra mujer, todo es mucho más fácil de lo que se cree: “Es fácil generar ese interés. Eres una novedad, un reclamo, un misterio. La seducción tiene más morbo que con un chico, con ellos no hay tanta pregunta ni interrogatorio personal”.

Pasemos a las sábanas. Si tiene que sacar una conclusión después de todas sus experiencias sexuales, Celia se queda con la sensibilidad de las mujeres en la cama. “Cuando estás con una mujer no hay una meta, no está clara, y los heteros van siempre con ese chip. Yo lo llevaba y hasta que ella quien me dijo: ‘Frena, que aquí no vamos a buscar el orgasmo. Si llegamos fantástico, si no, nos lo habremos pasado genial las dos'”.

‬Celia ha aprendido bastantes cosas a lo largo de los últimos años. La primera es que seducir a las mujeres es mucho más divertido.‪

Entre mujeres, el sexo no es una carrera con una meta, sino un paseo cuyo destino es una incógnita. “Puedes estar un rato estimulándola, o ella a ti, o las dos a la vez, y si la cosa no va, paras, te abrazas, te das cariño de otra forma y después vuelves. Es mucho más sentido, no hay esta sensación de posesión masculina, de que el otro necesita poseerte. Es mucho más delicado y menos salvaje. ¡Y eso que a veces, esa parte más animal me gusta! En general, estar con mujeres frustra menos que estar con hombres”.

A Celia le gusta más la forma como las mujeres entienden el sexo, pero de momento, si piensa en una pareja fija, aún se imagina con un varón. “Mi reflejo primero es buscar una pareja masculina, sin descartar una femenina. Supongo que el jaleo familiar que comportaría me echa para atrás. Aunque es verdad que si miro atrás y recuerdo la única vez que me he enamorado de una mujer, te digo que no me hubiera frenado nada”.

Curiosamente, reconocerse en el espejo también le ha servido para cambiar, para afianzar su identidad y valores: “Reconocerme bisexual me ha vuelto más feminista. Veo cosas rápidamente, como la facilidad que tiene un hombre para frustrarte, para hacerte sentir que cuando estás con él en la cama, si no llegas al orgasmo, eres tú la que tienes el problema. Ellos creen que porque se les pone dura y se corren lo tienen todo hecho. Son muy egoístas”.

La bisexualidad parece algo complejo pero es sencillo. Para Celia, se trata de una liberación y de tener la mente abierta, cree que en un futuro las relaciones serán así, son aranceles:

“Desde que me enamoré de una mujer sentí la liberación que supone dejar de mirar a las personas en función del género. Yo busco una atracción, ya sea chico o chica. Busco lo mismo y aguanto la mirada a ambos por igual. Toda opción exclusiva hacia cualquiera de los sexos es un cierre. Los que nos abrimos a ambas tenemos más sensibilidad hacia cosas que otros no conocen. Para mí es un plus, y a la única beneficiada soy yo misma. Estoy muy contenta, la verdad”.

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